Bolivia: Cuando un «no» realmente cuenta
Daniela tiene 14 años cuando cuenta por primera vez lo que le han hecho. En Riberalta, Bolivia, el riesgo de que se quede sola con su sufrimiento es grande, pero Daniela encuentra personas dispuestas a escucharla. Comienza así un proceso paulatino de terapia, protección y recuperación de la confianza. Una historia sobre cómo la prevención y el acompañamiento cambian vidas.
Daniela está sentada en la sala de consulta. Las contraventanas están medio cerradas; fuera, el calor de la llanura amazónica se hace palpable. Daniela tiene las manos entrelazadas. Lleva mucho tiempo en silencio. A sus 14 años, dice en voz alta por primera vez que un adulto cercano a ella ha abusado sexualmente de ella. Lo que ahora comienza no es un camino recto, sino un proceso diseñado con empatía.
En Bolivia, la violencia sexual contra niños y adolescentes está muy extendida. En el año 2025 se registraron varios miles de casos de violencia sexual contra menores, en su mayoría contra niñas. Los organismos especializados estiman que hay un elevado número de casos no denunciados, ya que muchas agresiones tienen lugar en el ámbito familiar y no se denuncian. Los niños con discapacidad se encuentran en una situación de especial vulnerabilidad, ya que a menudo tienen menos posibilidades de protegerse.
Aquí es donde entra en juego la labor de la Fundación Machaqa Amawta (FMA), la organización colaboradora desde hace muchos años de Mission 21 en La Paz y Riberalta. Juntas, la FMA y Mission 21 crean estructuras de protección en colegios, familias e instituciones públicas.
Un acompañamiento que te ayuda
Daniela es admitida en el programa terapéutico. En sesiones individuales periódicas, trabaja con una psicóloga para superar los sentimientos de culpa, gestionar la ansiedad y volver a aprender a confiar. Al mismo tiempo, su familia recibe asesoramiento jurídico. Se ponen en marcha medidas de protección. Poco a poco, Daniela recupera la estabilidad. Hoy en día cuenta con estrategias que le ayudan a establecer límites y a buscar apoyo.
Además del caso de Daniela, la FMA ha iniciado otros 145 procesos de acompañamiento a víctimas de violencia durante el año objeto del informe. 81 niños y jóvenes completaron con éxito su terapia y desarrollaron estrategias concretas de autoprotección y resiliencia. «Junto con Machaqa Amawta, nuestra tarea consiste en no dejar la protección al azar, sino en construirla de forma sistemática», afirma Golda Fuentes, responsable del programa para América Latina en Mission 21.
La prevención empieza en el colegio
Una protección eficaz debe comenzar lo antes posible. En 2025, 589 niños, niñas y jóvenes de La Paz y Riberalta participaron en talleres inclusivos y participativos de la FMA sobre la prevención de la violencia sexual y digital. Hoy en día cuentan con habilidades concretas de protección: saben nombrar las partes íntimas de su cuerpo, reconocer situaciones de riesgo y establecer límites claros.
Se presta especial atención a la violencia digital. Incluso en las regiones más remotas, los teléfonos inteligentes forman parte de la vida cotidiana. Los niños aprenden a protegerse en el espacio digital antes de que se produzcan los abusos.
Los talleres están dirigidos expresamente a niños con y sin discapacidad. El lenguaje de signos, los pictogramas y los materiales adaptados permiten un acceso en igualdad de condiciones. De este modo, la prevención se concibe y se lleva a cabo de forma inclusiva.
Los alumnos y alumnas de 6.º y 7.º de primaria de Riberalta aprenden, en talleres interactivos, a establecer sus propios límites, a prevenir la violencia digital y a identificar a personas de confianza. Cuentan con el apoyo del grupo de proyecto „Lideresas y Líderes“, que lleva a cabo una labor de sensibilización para prevenir cualquier tipo de violencia en las comunidades. Fotos: Ángela Michel Cabezas
Fortalecer las estructuras – Compartir la responsabilidad
La protección sostenible solo es posible si el entorno también actúa. En total, 362 profesionales, entre ellos agentes de policía, recibieron formación en comunicación inclusiva y protección de las víctimas. Se consolidaron dos comités escolares para la convivencia pacífica, con el fin de detectar la violencia de forma precoz y derivar los casos de manera adecuada. Además, la FMA llegó a más de 900 personas a través de campañas de sensibilización.
Estas cifras ponen de manifiesto que la cadena de protección funciona: el acompañamiento individual, la prevención escolar y la responsabilidad institucional se complementan entre sí. Mission 21 hace posible esta labor a largo plazo mediante la financiación, el asesoramiento conceptual y el apoyo en materia de garantía de calidad. En un contexto en el que las instituciones estatales suelen estar sobrecargadas y los fondos internacionales se están reduciendo, esta continuidad resulta decisiva.
Por qué sigue siendo urgente esta iniciativa
El trabajo sobre el terreno fue extremadamente exigente. Las tensiones políticas, los disturbios sociales y un brote de sarampión provocaron interrupciones en el funcionamiento de las escuelas. Al mismo tiempo, las cifras de violencia siguen siendo elevadas. La prevención requiere perseverancia. La terapia requiere tiempo. La protección requiere instituciones que asuman la responsabilidad. Los niños y jóvenes como Daniela deben saber cómo protegerse y que se les escucha. El cambio comienza allí donde un «no» realmente cuenta.
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